Mentes libres: enseñando meditación en las cárceles de México … – Pijama Surf

El budismo, en tanto una religión o una ciencia espiritual de la mente, reconoció tempranamente que siempre el enojo y el odio producen sufrimiento. Shantideva, el gran maestro indio que fue tan influyente en el budismo tibetano, escribe en el capítulo sobre la paciencia en su Camino del Bodhisattva:

El enojo destruye toda buena conducta, tal com la generosidad o la devoción a los maestros iluminados, que ha sido adquirida por miles de eones… No hay un vicio como el odio, y no hay austeridad como la paciencia… la mente no encuentra paz, ni encuentra placer y dicha, ni siquiera descanso y fortaleza cuando la espina del odio reside en el corazón.

En los versos que quizás son los más famosos actualmente de este texto que ha inspirado a miles de maestros budistas, se dice con una lógica impecable:

Si hay un remedio, ¿de qué sirve entonces la frustración? Si no hay remedio, ¿de qué sirve entonces la frustración?

Esta es la traducción de Alan Wallace, pero alternativamente ha sido traducido el término frustración por “preocupación” o “abatimiento”. Se lee a veces: “Si hay un remedio, ¿de qué sirve entonces la preocupación? Si no hay remedio, ¿de qué sirve entonces la preocupación?”. Esta es la forma correcta y desapegada de ver las cosas. La frase hace referencia al hecho de que las cosas no serán nunca resueltas en el pasado ni en el futuro y dedicar nuestra energía a anticiparlas o a lamentarnos por ellas es simplemente absurdo. Podemos simplemente relajarnos y no luchar contra el mundo. Al preocuparnos y luego frustrarnos somos víctimas de nuestra propia mente desbocada, que vive en la irrealidad del miedo y la esperanza, y perdemos presencia y la atención indivisa que nos da atender a lo presente, a lo real inmediato. Al perder esta atención presente, perdemos también energía y recursos para resolver cualquier cosa. La preocupación es siempre un multitasking, una forma de estar sin estar del todo. Al preocuparnos y anticipar sucesos (desear que ocurran o que no ocurran) aumentamos siempre la posibilidad de generar más frustración o insatisfacción, ya que evidentemente nuestra preocupación poco control tiene sobre los resultados de los cuales se pre-ocupa. Incluso la imaginación que tanto nos puede servir para resolver alguna cuestión, y que en cierta forma es una actividad mental que se aleja de la observación de lo inmediato, obtiene su verdadera fertilidad cuando se dispara de la presencia, de un estar observando el mundo en su frescura y no del obsesivo diálogo interno de la preocupación y de la angustia.

Merece hacer una breve digresión para recuperar cómo encontramos esta sabiduría milenaria también en la tradición occidental bajo una enigmática frase atribuida a Pitágoras en el texto “Sobre la educación de los hijos”, atribuido a Pseudo Plutarco. Se cita ahí el consejo de vida: “no devorar el corazón”, mejor conocido por el fraseo en latín: Cor ne edito. El mismo Pseudo Plutarco (autor desconocido que se agrupa en el genérico Pseudo Plutarco) explica de manera muy práctica que “No te comas el corazón” significa simplemente “no dañar el alma consumiéndola con preocupaciones”. La frase funciona por su poder gráfico: la angustia, la preocupación nos hacen autodevorarnos, el estrés es un asesino silencioso, diríamos en la modernidad. El estrés es también un asesino fantasmagórico, ya que nos excitamos y angustiamos por cosas que no están realmente ahí, por cosas que no han llegado aún. Pero nos cuesta trabajo ver esta simple realidad: la inexistencia de nuestros enemigos y la inutilidad de nuestras preocupaciones. Por supuesto, la clave yace en la paciencia. Parece evidente que las tradiciones antiguas tenían algo más parecido a una ciencia de la paciencia que nosotros. Pero somos nosotros, en un mundo cada vez más saturado de pequeños estímulos y estrés, los que la necesitamos más. 

La esencia de la paciencia es la correcta comprensión de la realidad, el entendimiento por una parte de que las emociones tóxicas que el budismo llama kleshas (aquello que nos mantiene en la ilusión del samsara) tienen efectos reales en nuestra mente y en nuestra vida y por lo tanto debemos cortarlas en su raíz, utilizar antídotos para evitar que se impongan a nosotros (o en prácticas más avanzadas emplearlas como energía en un proceso alquímico); y, por otra parte, la comprensión de los principios básicos de la realidad, que para el budismo son la impermanencia y la ausencia de una existencia inherente o de un yo estable y separado que es lo mismo a la total independencia de todas las cosas y la ausencia de absolutismos. Una vez que estos principios son comprendidos, la paciencia se establece de manera natural.

El Dalái Lama glosa este famoso capítulo, señalando que la tradición budista mahayana considera que la perfección de la paciencia es el antídoto del enojo. Para cultivar la paciencia ayuda contemplar la profunda negatividad que significa enojarse. Enojarse, en la mayoría de los casos (salvo cuando estamos utilizando esta emoción en términos tántricos para aniquilar la ignorancia), produce por todos lados efectos destructivos. Simplemente el estado emocional del enojo (y del odio que Shantideva agrupa también aquí) es un semillero de malestar futuro (de semillas kármicas negativas), agrede a las personas que queremos y nos agrede a nosotros física y psicológicamente. Sabiendo esto, sabiendo que enojarse es un error, en tanto que produce situaciones que nos hacen y harán sentir mal en el futuro, es evidente que uno debe intentar evitar enojarse. Esto es lo más básico del conocimiento y dominio de la mente.

Shantideva explica que no obtener lo que queremos, la insatisfacción o la incomodidad mental (yi mi-dewa en tibetano), es el origen del enojo. Esta insatisfacción da origen a la frustración, y cuando esto sucede las condiciones para la irrupción del enojo están dadas. De aquí que lo más inteligente es ir a la raíz, notando que es esta insatisfacción, que da lugar a la frustración, lo que acaba produciendo enojo. La insatisfacción surge como consecuencia de no comprender la naturaleza de la realidad. Esto es, que todas las cosas son impermanentes y que el yo con el que nos identificamos y desde el cual confrontamos al mundo no tiene la importancia que le damos. Es más, según la psicología budista, este yo como lo concebimos no existe. Ni es sólido, ni existe por separado de los demás, ni lo podemos ubicar en algún lugar específico (no está en el cerebro, ni tampoco en el cuerpo, sino que surge de manera interdependiente, es un yo relativo y no absoluto). Ni existimos tampoco enfrentados a un universo de objetos, ni nosotros somos el único sujeto en una especie de castillo amurallado en el cual nos protegemos ante un mundo que no se somete ante nuestros deseos. En realidad lo que somos es mucho más fluido y abierto y conectado y por lo tanto no tiene sentido querer que el mundo satisfaga a este yo delirante en su castillo, como un dictador frustrado. Shantideva hace una muy sencilla y poderosa analogía, que nos puede ayudar a entender cómo, si bien nunca podremos controlar el mundo externo, hay algo que podemos hacer para evitar contrariedades:

¿Dónde podría yo encontrar tela suficiente  

Para cubrir la superficie de la tierra?

Pero (usando) tela solamente en las suelas de mis zapatos

Es equivalente a cubrir la tierra con ella.  

Asimismo, no es posible que yo logre  

controlar el curso externo de las cosas.

Pero puedo controlar mi propia mente 

¿Qué necesidad tendría entonces de controlar lo demás?

No podremos controlar o restringir la manifestación de los fenómenos externos y sus sucesos indeseados, menos aún cuando vivimos un caos interno. Pero si controlamos y somos capaces de domar nuestra mente, entonces lo que sucede afuera nos nos afectará de tal forma que nos haga padecer enojo, odio, ambición, confusión y demás emociones negativas. Tendremos ecuanimidad. Y, con el tiempo, ya que el budismo mantiene que todos los fenómenos proceden de la mente, al calmar nuestra mente calmaremos también los fenómenos que ocurren a nuestro alrededor, y podremos habitar de manera armónica, sin tal dicotomía entre nuestra realidad interna y externa, todo acoplándose en un mandala de orden, belleza y creatividad.

Merece hacer un reforzamiento del tema de la impermanencia, que es la condición básica de todas las cosas de este mundo: todo cambia y todo muere, todo surge y todo desaparece. Si entendemos esto verdaderamente, no a un nivel intelectual solamente, sino a un nivel visceral, no estaremos constantemente sintiendo malestar porque las cosas a nuestro alrededor están cambiando y comportándose de formas que van en contra de nuestros deseos (nunca nada pudo haber sido poseído). Como dice Suzuki Roshi, el verdadero entendimiento de la renuncia no es renunciar a todo lo que tenemos en el sentido de abandonar todas nuestras posesiones y vivir como vagabundos, es simplemente entender que todas las cosas (personas, fenómenos, conceptos) de todas maneras se están yendo, en este momento ya se están disolviendo y desapareciendo y eventualmente todo a lo que le tenemos apego dejará de existir. Esto significa, de hecho, que la renuncia, el desapego es la perspectiva correcta de la realidad. Es la visión panorámica, más amplia y más inteligente. 

A diferencia del psicoanálisis que permite llegar a un estado de aceptación de la condición humana en el cual la neurosis consustancial es paliada en un estado general de contentamiento, el budismo ofrece una perspectiva diferente y más radical: el sufrimiento y la insatisfacción pueden ser completamente erradicados. Esta es la tercera noble verdad del Buda (la cuarta es el sendero que lleva a la erradicación total del sufrimiento). El mundo no dejará de ser impermanente y todas las cosas se disolverán, pero es posible verlo desde otro lugar. El budismo propone que si uno deja de percibirse desde la cerrazón del yo individual en oposición al mundo, en la constricción dual sujeto-objeto, y se da cuenta de la vacuidad o la ausencia inherente de la existencia, entonces naturalmente deja de existir esta avidez y aversión ante las cosas. Descubrir la vacuidad es la solución a todos los problemas, porque no hay un alguien que los tenga. En otras palabras, si uno deja de fijar su conciencia en el yo, deja un punto de vista cerrado sobre sí mismo y extiende y distiende su mente a las relaciones, al conjunto entero de las interconexiones, puede experimentar la realidad como un proceso interdependiente, que nunca cesa, y en el cual todo está involucrado en todo (por lo cual no hay carencia ni deseo). Esta es la maravilla del estado búdico, según es descrito por los grandes maestros del zen y del vajrayana, en el cual la mente se experimenta a sí misma como la totalidad, sin disolverse como una gota en el océano, sino experimentando tanto la gota, la existencia particular, como el océano. Este es el misterio que propone el budismo (y también, a grandes rasgos, otras religiones como el hinduismo), que la cognición, o el acto de darse cuenta de la existencia, no se limita solamente a un cerebro y a un cuerpo material, sino que se extiende a todas las cosas, es como el espacio mismo, una luminosidad autocognitiva que se experimenta como todas las formas posibles, una de ellas es este ego que se siente atrapado y en perpetua lucha contra un feroz y seductor universo. Este principio de cognitividad impersonal, que no es una cosa, sino un proceso infinito, es la existencia misma, una vacuidad radiante que es la base de todos los fenómenos, lo único que no cambia en un mar de manifestación y disolución. Es por ello que se dice que, en su sentido más esencial, el universo no es nada más que sabiduría.

Twitter del autor: @alepholo

MÚSICA MEDITACIÓN MEDITATION MUSIC

En el interior de las Oficinas Donde la Música Nunca se Detiene y Todo el mundo Es DJ – Bloomberg

Los altavoces nunca deje de bombeo de la música a través de la oficina en la Palabra, una agencia de relaciones públicas en Manhattan. Durante todo el día. Cada día. Cualquier canción de cualquier artista puede jugar por toda la oficina en cualquier momento. En teoría, al menos, death metal, los cantos Gregorianos, o Enya puede llenar la oficina antes de los 40 empleados que han terminado su café.

Todo el mundo está facultado también para omitir una aversión canción por el uso de la aplicación que controla la oficina del sistema de altavoces de Sonos. La regla de”Reclamar su canción a la comba,” significa la persona que vetan una canción debe reconocer públicamente haciendo así está estipulado en la Palabra “10 Mandamientos de Sonos,” que está impreso en un cartel que cuelga en una pared en la esquina. El sexto y séptimo mandamientos alentar a los “recortes” y la introducción de colegas a “música rara”, mientras que el octavo advierte en contra de tomar las cosas demasiado lejos: “la Extrema géneros,” el cartel advierte, “no podría durar mucho tiempo.”

En una reciente tarde de este jueves en la Palabra, Depeche Mode jugado a lo largo de los altavoces. Algunos empleados fueron el uso de auriculares, excluirse de los sonic de la comunidad. “Me han llegado a gustar, pero yo odiaba al principio,” dijo Mike Barish, un editor senior de la agencia. “Para mí, parecía como tratando demasiado duro, como muy perezosamente la creación de la cultura.”

El aumento de la abrir-piso-oficina del plan expone a los trabajadores a muchos molestos hábitos que se utiliza para ocultar detrás de las paredes de los cubículos, de distracción personal, llamadas telefónicas extrañas la comida huele. Ahora, al menos dentro de un nuevo vanguardia de la música-friendly oficinas, agregar los compañeros de trabajo’ preferencias musicales a esa lista.

“Estamos recibiendo un gran segmento de los comerciales de empresas de instalación de Sonos,” dijo Brad Duea, el director general de las Américas en el Sonos, Inc., que fabrica una línea popular de altavoces inalámbricos. La empresa no hace un seguimiento de cómo muchas oficinas utilizan en su sistema, pero afirma que a menudo recibe comentarios en Twitter de los trabajadores de oficina. Los miles de distribuidores que hacer personalizada altavoz instalaciones también han reportado más solicitudes para trabajos de oficina. Colchón-inicio de Casper, con sede en Seattle empresa de marketing Firmani + Associates, y con sede en Brooklyn, agencia de relaciones públicas Praytell todos tienen altavoces que reproducir música a través de la oficina durante la jornada de trabajo. Sonos también reproduce música en voz alta en cada uno de sus tres oficinas de la empresa.

Fotógrafo: Rebecca Greenfield/Bloomberg

El papel de la música en el trabajo es parte de una involuntaria de la carrera de armamentos de todo tipo. Los trabajadores de oficina abrazado auriculares y auriculares de cancelación del ruido en un gran número de maneras de lidiar con la falta de privacidad que vino con el open-plan de piso. Pero el uso privado de la música para restaurar una apariencia de lo auditivo espacio personal derrotas el propósito de derribar paredes de los cubículos, que fue hecho en nombre de la cultura de la empresa y la colaboración. Los ermitaños no hacer muy buenos ciudadanos corporativos de la oficina moderna. Que es donde el compartido con WiFi, altavoz entra en la vida empresarial. La música consigue que los trabajadores tomen sus auriculares, mientras que la creación de, al menos, la chapa de la cultura corporativa.

Neil Parikh, Casper jefe de operaciones, hace una lista de reproducción de “la bomba de atascos” para jugar antes de la semana todas las manos de la reunión de los lunes. Algunas de las pasadas selecciones musicales han incluido “Eye of the Tiger” y “Dulces Sueños”. (Get it? Es un sueño juego de palabras.) En la Palabra, en el otro lado del espectro de la energía, la oficina de la lista de reproducción se utiliza para superar la falta de ambiente. “No hay ningún aviso de llamada de los teléfonos o máquinas de escribir. Si no hay música, es muy tranquilo allí—un poco incómodo”, dijo Kyle Monson, la Palabra del fundador y director ejecutivo.

Los estudios también han encontrado que escuchar música puede, en las circunstancias adecuadas, hacen que los trabajadores sean más productivos. En uno, un grupo de tecnólogos de la información que escuchaba música mientras trabajo completado de las tareas más rápidamente, se acercó con mejores ideas, y se reporta un mejor estado de ánimo. Ese estudio también encontró que dejar que la gente escoja su propia música y escuchar por el tiempo que quería led a los mejores resultados. Otras investigaciones se ha encontrado que el ritmo de la música puede tener diferentes efectos sobre los trabajadores de los estados de ánimo. Algo con tiempos más lentos, como Enya, puede relajarse un ansioso trabajador. Un ritmo rápido puede hacer que los trabajadores más alerta.

A continuación, de nuevo, para algunos la obligatoriedad de la música es otra desagradable experiencia, una prueba más de la inhumanidad de la open office. “Es una constante, frustrante distracción para mí,” dijo Dan Bennett, quien trabaja en una empresa de hosting en el reino unido Cuando se apaga la oficina de Sonos, sus colaboradores encenderlo de nuevo dentro de unos minutos. “Te llama aburrido y un moaner, cuando todo lo que quiero hacer es concentrarse!” En una columna para el Financial Times, Justine Roberts se quejaron acerca de la banda sonora de reproducir a través de los altavoces en una empresa de tecnología visitó para una reunión. Ella, también, se encontró una distracción.

Además no hay contabilidad para el gusto. Twitter está repleta de chistes y de indignación acerca de la oficina de opciones de música.

La palabra quiere a sus empleados a abrazar la oficina de lista de reproducción. Nuevas contrataciones de aprender acerca de la oficina de Sonos mandamientos durante la orientación en su primer día. “Queremos que usted puede participar, ser parte de nuestra cultura”, explicó Monson. “Pero tienes que seguir estas reglas. Usted no tiene que memorizar o nada”.

Sus empleados no siempre hacen eso. “Más a menudo que no, es una sociología experimento, como el hecho de que nadie llama al 911 porque asumen que alguien más va a llamar al 911”, dijo Barish, hace referencia al “efecto espectador”. “Seguramente, después de esta triste canción, alguien va a hacer es optimista de nuevo”, dijo. Eso no suele suceder. Los empleados temen ofender a los colegas o la exposición de su mal gusto, y las nuevas contrataciones tienden a ser demasiado miedo a tocar a la lista de reproducción. “Estoy muy cuidadosamente cambiar la música, y yo no siempre saber a la gente que tengo”, dijo Barish, que favorece a los nostálgicos de la música de los años 1980.

Austin Johansen, un asistente del editor en la Palabra, espera hasta después de las 4 de la tarde a jugar su género preferido: el hip-hop. Antes de entonces, cuando una canción no le gusta, se pone los auriculares. “Yo no quiero ser como, ‘¿Qué es esta nueva mierda? No me gusta esto'”, dijo.

Los empleados también pueden petición para poner canciones en la lista prohibida, que incluye Edward Sharpe “Casa”, “Ho Hey” por the Lumineers, y otros exagerados de los coffeeshops earworms. Para conseguir la prohibición-lista de canciones, un empleado sólo tiene que preguntar a los compañeros de trabajo; si no hay objeciones, se escribe debajo de los Diez Mandamientos. “He intentado, sin éxito, a la prohibición de ‘la Santería,'” Johansen dijo de 1996 golpeado por Sublime. “Odio esa canción.” Movimientos para restringir el juego de rap y punk rock antes de mediodía han fracasado hasta la fecha.

Monson, la Palabra del CEO, utiliza la música para un propósito diferente: su propia intimidad. Él y su co-fundador de sentarse en una esquina de la oficina, donde el control de volumen en el más cercano altavoces de Sonos. Cuando quieren hablar de algo sensible, turn it up. “No quiero sentarme en una oficina con una puerta cerrada. Quiero que nos fuera en público. Pero hay momentos cuando estamos hablando de alguien, o de los salarios, o de una nueva contratación”, dijo. “Es como en Los Americanos: cuando se piensa que la habitación está pinchado, que van a abrir el grifo o la ducha. Que somos nosotros”.

AUTOAYUDA CRECIMIENTO PERSONAL

Inside the Offices Where the Music Never Stops and Everyone Is DJ – Bloomberg

The speakers never stop pumping music throughout the office at Codeword, a public relations agency in Manhattan. All day. Every day. Any song by any artist can play for the entire office at any time. In theory, at least, death metal, Gregorian chants, or Enya can fill the office before the 40 employees have finished their coffee.

Everyone is also empowered to skip a disliked song by using the app that controls the office’s Sonos speaker system. The rule—”Claim your song skipping,” meaning the person who vetoes a song should publicly acknowledge doing so—is stipulated in Codeword’s “10 Commandments of Sonos,” which are printed on a poster that hangs on a wall in the corner. The sixth and seventh commandments encourage “deep cuts” and introducing colleagues to “weird music,” while the eighth cautions against taking things too far: “Extreme genres,” the poster warns, “might not last long.”

On a recent Thursday afternoon at Codeword, Depeche Mode played over the speakers. A few employees were wearing headphones, opting out of the sonic community. “I have come to like it, but I hated it at first,” said Mike Barish, a senior editor at the agency. “To me, it seemed like trying too hard, like very lazily creating culture.”

The rise of the open-floor-plan office has exposed workers to many annoying habits that used to hide behind cubicle walls, from distracting personal phone calls to weird food smells. Now, at least within an emerging vanguard of music-friendly offices, add coworkers’ musical preferences to that list. 

“We’re getting a nice segment of commercial businesses installing Sonos,” said Brad Duea, the managing director of the Americas at Sonos Inc., which manufactures a popular line of wireless speakers. The company doesn’t track how many offices use its system but claims it often receives feedback on Twitter from office workers. The thousands of dealers that do custom speaker installations have also reported more requests for office jobs. Mattress-startup Casper, Seattle-based marketing firm Firmani + Associates, and Brooklyn-based PR agency Praytell all have speakers that play music throughout the office during the workday. Sonos also plays music aloud in each of its three corporate offices.

Rebecca Greenfield

The role of music at work is part of an unintentional arms race of sorts. Office workers embraced earbuds and noise-canceling headphones in large numbers as ways to cope with the lack of privacy that came with the open-floor plan. But using private music to restore some semblance of auditory personal space defeats the purpose of taking down cubicle walls, which was done in the name of company culture and collaboration. Hermits don’t make very good corporate citizens of the modern office. That’s where the shared WiFi-enabled speaker enters corporate life. Music gets workers to take off their headphones while creating at least the veneer of corporate culture.

Neil Parikh, Casper’s chief operating officer, makes a playlist of “pump up jams” to play before the weekly all-hands meeting on Mondays. Some past musical selections have included “Eye of the Tiger” and “Sweet Dreams.” (Get it? It’s a sleep pun.) At Codeword, on other side of the energy spectrum, the office playlist is used to overcome the lack of ambience. “There’s no ringing phones or typewriters. If there’s no music, it’s really quiet in there—a little awkward,” said Kyle Monson, Codeword’s founder and chief executive officer. 

Studies have also found that listening to music can, under the right circumstances, make workers more productive. In one, a group of information technologists who listened to music while working completed tasks more quickly, came up with better ideas, and reported better moods. That study also found that letting people pick their own music and listen for as long as they wanted led to the best results. Other research has found that the beat of the music can have different effects on workers moods. Something with slower beats, like Enya, can relax an anxious worker. A fast pace can make workers more alert.  

Then again, to some the mandatory music is another unwelcome experience, further evidence of the inhumanity of the open office. “It’s a constant, frustrating distraction for me,” said Dan Bennett, who works in IT for a hosting company in the U.K. When he turns off the office Sonos, his co-workers turn it back on within minutes. “You get called boring and a moaner, when all you want to do is concentrate!” In a column for the Financial Times, Justine Roberts complained about the soundtrack playing over the loudspeakers at a tech company she visited for a meeting. She, too, found it distracting.

There’s also no accounting for taste. Twitter is replete with jokes and outrage about office music choices. 

Codeword wants its employees to embrace the office playlist. New hires learn about the office’s Sonos commandments during orientation on their first day. “We want you to be involved, be part of our culture,” explained Monson. “But you have to follow these rules. You don’t have to memorize them or anything.”

His employees don’t always do that. “More often than not, it’s a sociology experiment, like how nobody calls 911 because they assume someone else will call 911,” said Barish, referencing the bystander effect. “Surely, after this sad song, somebody’s going to make it upbeat again,” he said. That doesn’t tend to happen. Employees fear offending colleagues or exposing their bad taste, and new hires tend to be too scared to touch the playlist. “I very carefully change the music, and I don’t always let people know that I have,” said Barish, who favors nostalgic hits from the 1980s.

Austin Johansen, an assistant editor at Codeword, waits until after 4 p.m. to play his preferred genre: hip-hop. Before then, when a song he doesn’t like comes on, he puts on headphones. “I don’t want to be like, ‘What is this new crap? I don’t like this,'” he said. 

Employees can also petition to put songs on the banned list, which includes Edward Sharpe’s “Home,” “Ho Hey” by the Lumineers, and other overplayed coffeeshop earworms. To get on the banned-song list, an employee just has to ask coworkers; if there are no objections, it gets written under the Ten Commandments. “I unsuccessfully tried to ban ‘Santeria,'” Johansen said of the 1996 hit by Sublime. “I hate that song.” Movements to restrict the playing of rap and punk rock before noon have so far failed. 

Monson, Codeword’s CEO, uses the music for a different purpose: his own privacy. He and his co-founder sit in a corner of the open office space, where they control the volume on the nearest Sonos speakers. When they want to discuss something sensitive, they turn it up. “I don’t want to sit in an office with a door closed. I want us out in public. But there are moments when we’re talking about someone, or salaries, or a new hire,” he said. “It’s like in The Americans: when they think the room is bugged, they’ll turn on the faucet or the shower. That’s us.”

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