Música, arte, hidroterapia y meditación son parte del recetario en … – La Nación Costa Rica

Hace cuatro años, Sandra Fernández Carvajal llegó al Hospital San Juan de Dios como acompañante de su marido, quien cayó víctima de una isquemia cerebral.

Pocos meses después, ella terminó siendo la paciente.

El cambio radical en su vida al convertirse en la única cuidadora de su esposo, su obligación de lidiar con todos los medicamentos que él toma y los problemas de memoria, le agregó una carga física y emocional demasiado pesada. 

Sandra recuerda cómo le cambió el carácter: estaba más triste, se enojaba con facilidad y comenzó a perder interés en las actividades que antes la mantenían ilusionada.

Los médicos a cargo de su marido se dieron cuenta y la refirieron al área de Salud Mental, donde la atendió Sonia Montero Lobo, una de las nueve enfermeras especializadas en Salud Mental y Psquiatría del San Juan de Dios.

Sentada en un pequeño salón, dos años después de recibir terapia con Flores de Bach con Montero, esta vecina de Desamparados, de 61 años, dice que su vida es otra.

El lunes 24 de abril llegó a su consulta mensual con la enfermera.

“Me desahogo con Sonia. Le cuento todo. Y me da mis Flores de Bach”, comenta.

Esta es una de las terapias adicionales a los tratamientos médicos que reciben varios pacientes en ese hospital, uno de los centros de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) que están incorporando terapias complementarias en sus servicios.

El San Juan de Dios, por ejemplo, tiene sesiones de conversación con respiración terapéutica; arteterapia con color y logoterapia, las cuales se convierten en herramientas para que los pacientes puedan enfrentar por sí mismos las dificultades de la vida además de la enfermedad, explicó Marielos Fernández Incer, enfermera jefa de la Unidad de Salud Mental y Psiquiatría de ese hospital y también especialista en esa área.

Fernández aclara que estas consultas nunca van a sustituir los tratamientos médicos que reciben, por ejemplo, personas enfermas de cáncer, el corazón o con problemas neurológicos.

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Detrás de los síntomas

Las Flores de Bach son esencias florales que le ayudan al enfermo a controlar emociones como el estrés, la depresión o la ansiedad.

Solo deben ser suministradas por personas que hayan sido capacitadas y certificadas en esa técnica, como Sonia Montero, quien pagó por cuenta propia su formación y aporta de su bolsillo los insumos que le da a sus pacientes.

Para esta enfermera con 25 años de experiencia, la apertura de las jefaturas del hospital para este tipo de prácticas permite al San Juan colocarse a la altura de otros centros de salud del mundo, que también las han incorporado.

“En hospitales del primer mundo esto lo están haciendo desde hace varios años. De la mano de un experto, se pueden hacer intervenciones en crisis y ayudar a los enfermos a que expresen sus sentimientos. Es especialmente útil en situaciones de violencia intrafamiliar”, comentó la enfermera especialista.

“En hospitales del primer mundo esto lo están haciendo desde hace varios años. De la mano de un experto, se pueden hacer intervenciones en crisis y ayudar a los enfermos a que expresen sus sentimientos. Es especialmente útil en situaciones de violencia intrafamiliar”. Sonia Montero, enfermera especialista en Salud Mental.

A Sandra Fernández Sonia le entregó un vasito con las esencias que tendrá que poner en su lengua varias veces al día durante el próximo mes.

Las sustancias, formadas por esencias de flores, le ayudarán a sentir más paz y tranquilidad en las tareas que ahora debe asumir con su esposo enfermo.

En el caso del San Juan, pacientes como esta señora llegan por dos fuentes: por la consulta externa o el servicio de Emergencias, y por hospitalización.

“Son referidos por los médicos a Salud Mental. Aquí se intervienen con una técnica que utilizamos: la Relación Interpersonal de Ayuda (RIA), y la intervención en crisis. Mediante el desarrollo de esa técnica hacemos varias intervenciones que llevan al paciente a mejorar la parte emocional de su vida.

“¿Qué nos refieren? Un paciente ansioso porque le diagnosticaron una enfermedad y dejó a los hijos solos. Si llega aquí esto lo estresa y todos los factores externos le agregan más presión.

“Ahí es donde nos llaman a nosotros: le damos intervención en crisis, le damos un proceso terapéutico mientras está internado. Si vemos que requiere seguimiento, le damos referencia a la consulta externa”, explicó Fernández.

Ansiedad y estrés por violencia

Un 90% de las historias que ellos ven tienen un trasfondo de violencia intrafamiliar.

“La gente vino por una enfermedad hepática y estudios por enfermedades que nunca encuentra, y cuando empezamos a buscar vemos que el paciente es víctima de violencia. La violencia daña todo”, agrega Fernández.

Solo el año pasado, el área de Salud Mental del San Juan de Dios, a cargo de Enfermería, dio 8.300 consultas similares a las de Sandra Fernández.

“Se establecen objetivos terapéuticos con los pacientes. Y a partir de ahí se definen cuántas sesiones. Lo normal es que sean de ocho a diez, pues el objetivo es que el paciente no dure más de dos años. La idea es darle herramientas para su vida para que aprenda a resolver sus problemas”, dijo Fernández.

Los trabajadores del hospital también han sido incluidos en este proceso.

Luis Guevara, auxiliar de enfermería desde hace diez años, participó en un taller organizado por Enfermería para el manejo del estrés.

“Estábamos muy saturado de trabajo y agotados mentalmente. Enfermería es 24 horas al día con el paciente. Nos ha costado sacar tiempo para esto, pero valió la pena. Nos enseñan a lidiar con el enfermo y con los otros compañeros”, contó Guevara.

Un 90% de las historias que ven en el San Juan de Dios en terapias complementarias tienen un trasfondo de violencia intrafamiliar.

A este personal les dan técnica para respirar, y les enseñan a poner límites de tal manera que no se brinquen horarios de comida y puedan cumplir con las múltiples tareas que les demanda el hospital.

Salud en el agua

Mientras en el San Juan ‘recetan’ a algunos pacientes técnicas de respiración y relajación junto al tratamiento médico, en el Hospital Calderón Guardia incorporaron desde hace tres años la hidroterapia para diferentes padecimientos.

Aunque la mayoría de los ‘clientes’ aquí son personas operadas por fracturas, hernias de disco o desgastes de rodilla y cadera, el uso de la única piscina en un hospital general del país también se extiende a pacientes de otras especialidades distintas a la Ortopedia.

La especialista en Fisiatría, Vanessa Ucles Villalobos, comentó que hace cinco años ahí asisten las pacientes a quienes les han extirpado la mama por cáncer y otros enfermos oncológicos.

A ellos no les dejan de hacer su quimioterapia o su radioterapia. Sin embargo, aquí les estimulan la relajación corporal y mental para acelerar el proceso de recuperación.

A esta piscina, que está ubicada en una de las casa que el hospital alquila en los alrededores del edificio principal, en San José, también acuden pacientes con VIH sida y pacientes que estuvieron en algún momento en Cuidados Intensivos.

La recuperación se acelera no solo por el efecto terapéutico del agua a nivel muscular, sino porque también es considerada parte de una ludoterapia, con el desarrollo de actividades en el agua que le generen una sensación placentera a los enfermos.

A Grettel Obando Zúñiga, de 52 años, la encontramos el 26 de abril en las aguas turbulentas que quedan contiguo a la piscina principal.

Es parte de su tratamiento para volver a recuperar la movilidad en brazos y piernas tras la tercera operación de hernia de disco.

“Estuve paralizada ocho meses del cuello para abajo. Tuve hidrocefalia. Esta terapia de devolvió la vida porque yo estaba en una silla de ruedas y me habían dicho que no volvería a caminar”, comentó Obando.

Keylor Rodríguez Baltodano, uno de los terapeutas a cargo de las terapias en la piscina, fue testigo del inicio de Obando, cuando llegaba llorando porque no se podía mover.

El cambio ha sido de 180 grados. Hoy, dice Grettel, ya puede movilizarse sola por San José y hasta va a la playa.

Dentro del jacuzzi, a su lado, está Leonardo García, quien acumula los últimos tres años intentando superar una hernia de disco que lo mantiene alejado de sus actividades profesionales.

Tiene 34 años y hoy deposita su fe de que el agua le pueda ayudar a su recuperación.

El supervisor de Terapia Física, Jorge Fernández, informó de que aquí atienden hasta seis pacientes por hora, de lunes a viernes, de 7 a. m. a 12 m. d.

“La prioridad son los recién operados, especialmente de columna, reemplazos de cadera y rodilla, y neurocirugía. Con la terapia física convencional, el tiempo de recuperación es mayor”, asegura Fernández.

El efecto de flotación, de impacto y desplazamiento disminuyen las eventuales secuelas en las articulaciones de las extremidades.

La intención de este servicio es crecer en los próximos años para incorporar pacientes de otras especialidades a los beneficios de la terapia en el agua.

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aavalos@nacion.com

Periodista

Periodista de Salud. Máster en Periodismo de la Universidad Complutense de Madrid, España. Especializada en temas de salud. 

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