Meditar para controlar los miedos – Clarín.com

El miedo es una respuesta emocional básica del ser humano. Pero cuidado: no es exclusiva del ser humano. El mundo animal también activa una sensación protectora ante amenazas reales del entorno que bien puede llamarse miedo, ya que los correlatos fisiológicos que presentan son los mismos que los nuestros: aumento de la función simpática de nuestro sistema nervioso autónomo, como sudoración, temperatura y ritmo cardíaco.

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Por lo tanto y tengámoslo bien en cuenta, el miedo es una función adaptativa de los seres vivos. Pero es aquí donde se produce la bifurcación de los caminos, en el tipo de amenaza que representa. Porque mientras los animales solamente reaccionan ante amenazas reales del entorno, el ser humano puede activar la señal de miedo ante eventos internos como el pensamiento u otra emoción. Así, imaginar que estamos dando una clase frente a un amplio auditorio y la gente se ríe de nosotros o que puede darnos un ataque cardíaco en el medio del subte es algo que sólo hace el hombre.

El cerebro que procesa el miedo

El cerebro humano (y especialmente lo que llamamos el cerebro límbico) no sólo genera reacciones ante las situaciones externas, sino que puede hacerlo ante cualquier imagen o pensamiento hacia el pasado o el futuro. Esto ha sido producto de su desarrollo a lo largo de los siglos, de tal manera que puede rehacer el pasado o anticipar el futuro con un esfuerzo imaginativo y agregarle esa emoción. Así, si nos roban en la esquina de nuestra casa sentiremos miedo, pero si unos días después pasamos por el mismo lugar y anticipamos mentalmente la posibilidad de que eso ocurra nuevamente, también generamos miedo. Es un miedo anticipatorio, protector.

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Intervenciones “blandas” para problemas duros

El licenciado Juan Pablo Kovacevic, de la clínica de Ansiedad de Ineco, nos dice que “algunos pesos pesados de la terapia cognitiva, tales como Beck, Emery y Greenberg, postularon que el miedo es la valoración de que existe un peligro, una amenaza inminente, mientras que la ansiedad es la respuesta emocional que acompaña al miedo, y que se caracteriza por incluir otros factores cognitivos tales como la aversividad percibida, la incontrolabilidad, la incertidumbre y la vulnerabilidad”. Básicamente, miembros de la misma familia.

Tratar el miedo disfuncional

Como propusimos, el miedo tiene una función vital para protegernos de las amenazas activando la respuesta de lucha o huida, pero que, como dice Juan Pablo, “hoy en día suele resultar exagerada, cuando no inconveniente”. Y prosigue: “Tal es así, que este estado de activación corporal y pensamientos ansiosos da lugar a múltiples manifestaciones que, cruzado cierto umbral, pueden dar origen a trastornos psicopatológicos”. Y allí comienzan los problemas, ya que vivimos en una era donde los diagnósticos asociados al miedo (estrés, estrés postraumático, fobias, pánicos y a veces depresiones) han crecido enormemente.

Lamentablemente, no todas las terapias son efectivas en el tratamiento del miedo patológico. Muchas personas que llegan a nuestro instituto han estado deambulando por distintos tratamientos en los cuales no se utiliza más que el diálogo terapéutico (y no estrategias concretas y progresivas de abordar el problema) para superarlo.

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Una terapia que constituye un tratamiento de primera línea (o sea, se debe utilizar primero) y probada eficacia para el tratamiento de los trastornos relacionados con el miedo y la ansiedad cuando éstos se vuelven patológicos es la terapia cognitiva conductual. Para el Licenciado Kovacevic, “al corroborar junto con el paciente cómo aquello que piensa influye en cómo se siente y qué acción instrumenta, se le ayuda a desarrollar mayor flexibilidad a la hora de interpretar diversas situaciones y estímulos, lo cual impacta tanto en sus emociones como en sus conductas. Las técnicas conductuales permiten a su vez generar nuevos aprendizajes que entran en franca contradicción con los anteriormente adquiridos, lo cual posibilita que, a través de reiteradas exposiciones controladas y acordadas previamente con el paciente, una misma situación produzca cada vez una menor reacción emocional; de esta manera se aprende a darle una valoración diferente a aquello que antes nos producía una intensa respuesta de miedo.

¿Y el mindfulness, sirve?

¿Qué lugar tiene el entrenamiento en mindfulness en el abordaje del miedo patológico? Nuestro trabajo continuo en el Departamento de Psicoterapia de Ineco nos da algunos indicios importantes al respecto. Uno de ellos es que generalmente es conveniente que la persona, antes de comenzar un entrenamiento, realice un abordaje psicoterapéutico. Y mientras más graves son los síntomas, más cuidadosos debemos ser en la intervención que hacemos. Por ejemplo las fobias, el pánico y algunos trastornos obsesivos donde aparece cierto miedo patológico (a la contaminación, a la pérdida de control, etc) necesitan ser abordados desde un tratamiento cognitivo antes de llegar al mindfulness. Es que el programa basado en la meditación no es tan específico para el tratamiento de esta sintomatología sino que apunta a una visión y percepción más “amable y compasiva” del miedo y de los efectos que nos produce. Los síntomas “fuertes” como el pánico (a veces notablemente intensos para el paciente) deben ser contenidos con otras técnicas y, eventualmente, con ayuda farmacológica en los casos más graves. Sólo con el tiempo quizás podamos iniciar a estas personas en la práctica de algunas técnicas de mindfulness.

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Los miedos asociados a crisis vitales (problemas de cualquier índole, familiares, laborales, etc) sí pueden ser abordados desde el mindfulness, aprendiendo a indagar en ellos con curiosidad y controlando la aversión que nos producen y que normalmente suelen estar asociados al enfrentamiento de nuevas responsabilidades o de cambios importantes. En estos casos, vamos ampliando nuestra mirada de personas que sufren ante la incertidumbre, el fracaso o la vulnerabilidad de nuestra condición humana y eso alimenta nuestra actitud resiliente.

De pronto, vamos descubriendo nuestra grandeza y nos animamos a penetrar en las “oscuridades” de nuestro ser para trascendernos y convertirnos en seres humanos completos, con plena capacidad de amar y discernir qué es lo mejor para nuestras vidas.

*Martín Reynoso es psicólogo y coordinador de Mindfulness en INECO.

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