Meditación y fe – Diario La Opinión de Rafaela (Comunicado de prensa)

Los católicos viven hoy su festividad de mayor importancia, pues el Domingo de Resurrección o de Pascua, es el hecho que da verdadero sentido a nuestra relación, justamente con la resurrección de Jesús. Es que de esa manera, Cristo triunfó sobre la muerte, abriendo de tal manera las puertas del Cielo.
Se recuerda entonces este acontecimiento con alegría, con mucha fe y gran esperanza, siendo el Cirio Pascual -encendido en todos los templos- el que representa la luz de Cristo resucitado, permaneciendo así hasta el día de la Ascensión, cuando Jesús sube al Cielo.
La resurrección de Jesús es además, un hecho histórico, consolidado con pruebas irrefutables como el sepulcro vacío y las apariciones de Jesucristo a sus apóstoles.
La esperanza cristiana también es celebrada en este día de tanta significación y trascendencia ya que si Jesús está vivo y además junto a nosotros, entonces ¿qué podemos temer? Cualquier sufrimiento, cualquier penuria, cualquier mal que ahora nos parece tremendo e insuperable, tiene sentido con la Resurrección. San Pablo lo explica diciendo: “Si Cristo no hubiera resucitado, vana sería nuestra fe” (1 Corintios 15,14). Si Jesús no hubiera resucitado, sus palabras hubieran quedado en el aire, sus promesas hubieran quedado sin cumplirse y dudaríamos que fuera realmente Dios. Pero, como Jesús sí resucitó, entonces sabemos que venció a la muerte y al pecado; sabemos que Jesús es Dios, sabemos que nosotros resucitaremos también, sabemos que ganó para nosotros la vida eterna y de esta manera, toda nuestra vida adquiere sentido. La Resurrección es fuente de profunda alegría.
Celebremos este Domingo de Pascua con recogimiento, con serenidad y gozo, con la imagen más presente que nunca de Jesús iluminándonos desde su profunda misericordia.
Esta fiesta determina el calendario móvil de otras celebraciones religiosas: así la Ascensión (el ascenso de Jesús al cielo) se celebra 40 días después de Pascua, y Pentecostés 10 días después de la Ascensión. La semana anterior a la Pascua de Resurrección es la Semana Santa, que comienza con el Domingo de Ramos (que conmemora la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén). La Octava de Pascua (popularmente conocida como «semana de Pascua») es la semana que sucede a este Domingo de Pascua (o Domingo de Resurrección). El tiempo pascual o tiempo de Pascua designa, en la liturgia católica, las semanas que van desde el Domingo de Resurrección hasta el de Pentecostés.
Respecto a sus antecedentes históricos, el registro bíblico dice que la noche anterior a su muerte, Jesús se reunió con sus discípulos para celebrar la Pascua judía. Posteriormente, instituyó lo que se conoce como la “Cena del Señor”, y dijo a sus apóstoles “Sigan haciendo esto, en memoria de mí” (Lucas 22,19). La Cena del Señor debía celebrarse una vez al año; con ella se conmemoraba la muerte de Cristo.
Esta celebración cuenta también con diversas liturgias pascuales, la más popular es la de los huevos de Pascua. Durante mucho tiempo, estuvo prohibido comer en Cuaresma; no solo carne, sino también huevos. Por eso, el día de Pascua, la gente corría a bendecir grandes cantidades de ellos, para comerlos en familia y distribuirlos como regalo, a vecinos y amigos. Durante la Edad Media, en Semana Santa, era común que los censos feudales se pagaran con huevos. Y se estipulaba que el día de pago fuese el domingo de Pascua.
Muy esperadas, en medio del gozo, la fe y la alegría cristiana que constituye la Resurrección del Señor, con todo su inmenso significado, son las misas de este domingo, como es la principal en el mundo que presidirá el papa Francisco en la plaza San Pedro en la Ciudad del Vaticano, con asistencia de todo el cuerpo diplomático, cardenales de todo el mundo, prelados, sacerdotes y monjas, además de las decenas de miles de peregrinos que desbordarán la Plaza.
Aquí en Rafaela, es en la Catedral San Rafael la convocatoria de los cristianos, en la misa central que encabezó anoche el obispo Luis Fernández, convocatoria de todos los católicos.
Para que abramos nuestros corazones a la fe en el Señor, cuyo ejemplo es constante expresión de renovación, nuestro deseo de ¡felices Pascuas!

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